Por fin le vi, recargado por fuera de esa camioneta tan ostentosa suya, que a su lado perdía belleza alguna. Le veía tan perfecto, con la camisa medio desabotonada, mostrando su blanco y perfecto pecho, esa camisa que te apretaba el bíceps braquial, ese deltoides tan perfecto que estaba apunto de reventar las fibras....
Me abrazaste, y sentí ese fulgor recorrer mi cuerpo por algunos segundos que duraron horas.
Me besaste, sí, con esa ternura que te caracteriza, y tu lengua se pasó sobre mi frente recién herida por la rama de un árbol.
No hay comentarios:
Publicar un comentario